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Como usuarios de un consultorio dental, hablando desde la perspectiva del paciente, debemos admitir que, desde la iluminación, la tensión que se siente en la sala de espera y lo peor de todo el sonido de taladro que en momentos de dolor y nerviosismo bien se podría comparar con una marcha fúnebre o con la música y sonidos que en la antigüedad podrían haber acompañado a un condenado a muerte. Y encima manejar un malestar dental, sin lugar a duda tenemos que considerar el tema de la empatía con los pacientes y aceptémoslo. El consultorio de un dentista puede ser un lugar de terror.

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La sonrisa es la carta de presentación más importante para la mayoría de las personas, y además por salud bucal. Podríamos considerar un miedo generalizado y alarmante el morder una paleta helada o tomar un rico café por la mañana y sentir sensibilidad en los dientes. Este tipo de eventualidades significan que tenemos que pasar al consultorio odontológico lo más pronto posible.

El miedo puede tener sus raíces en la experiencia de la infancia o porque han escuchado historias desgarradoras de otros o debido a unas experiencias previas con un dentista. En la mayoría de estos casos es posible que las personas superen su fobia a ir al dentista. Pueden hacerlo por su cuenta. Pueden buscar asesoramiento o pueden encontrar un dentista adecuado y atento que alivie sus aprensiones y utilice técnicas para disminuir el miedo a los tratamientos.

Te sugerimos poner en práctica con tus pacientes lo siguiente:

Hacer una introspección con tus pacientes: Preguntar, ¿qué te llena de miedo? ¿Tienes miedo del tratamiento? ¿La visión de un dentista trabajando con taladros en los dientes te llena de pavor? ¿Le temes al dolor? Conoce el miedo permite poder abordarlo de varias maneras:

Pensar en el resultado. Seguramente será más positivo que aferrarse al miedo y tolerar una condición intolerable. 

Practicar ejercicios de respiración profunda. El yoga te ayuda a lograr el equilibrio interior y la fuerza mental, así como la determinación. 

Hablar con alguien de confianza para el paciente explicando dicha condición. Hablar sobre un problema libera el estrés y te hace sentir más positivo acerca de ir al dentista. 

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Lo fundamental es la COMUNICACIÓN.

Como dentista puedes apoyar y recomendar a tu paciente con miedo con lo siguiente:

• Pedirle a tu paciente evitar los alimentos que provoquen ansiedad, como el café y los refrescos de cola antes de la consulta.

• Siempre ofrecer explicaciones claras de lo que implican ciertos procedimientos, la magnitud del dolor y los pasos que mitigarán el dolor.

• Ofrecer al paciente opciones, por ejemplo, si te van a hacer un tratamiento de conducto, en lugar de usar un anestésico local, podrían tomarse precauciones adicionales, utilizar un sedante suave para ayudar a la relajación.

• Iniciar con algo simple como punto de partida. Se puede comenzar con una limpieza de dientes simple que infundirá algo de confianza antes los procedimientos prolongados.

• Sugerir al paciente hacer respiraciones profundas, dejar que el cuerpo se suelte.

• Apoyos independientes, como sugerencia para un ambiente agradable, escuchar música relajante mientras el dentista hace su trabajo.

• Aunque es controversial, acudir con un apoyo familiar, el llevar a alguien puede funcionar como un consuelo para el paciente.

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