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Nací en la Ciudad de México, el 9 de noviembre de 1978. Soy el menor de una familia compuesta por un hermano mayor y dos primos hermanos, básicamente más hermanos que primos pues conviví bajo esa figura de hermandad durante toda mi infancia. Tuve una bella infancia, recuerdo una anécdota, la cual nos llena de alegría y risas a la fecha; mi prima hermana, quien es mayor que yo por 3 años, era líder y dominaba entre todos nosotros, cuando jugábamos a la escuela, como la maestra, nos dejaba problemas de matemáticas que solo ella podía resolver, pues los aprendió en su grado escolar y por obvias razones yo no tenía éxito. Esto tenía como consecuencia ser castigado y recibir en la boleta, elaborada por mi prima, solo calificaciones reprobatorias. Estoy realmente agradecido con ella, porque, aunque nunca me consideré un alumno muy sobresaliente, este duro pero muy divertido juego me ayudó a entender desde pequeño que no podía permitirme reprobar materias en la vida académica real.
Desde siempre tuve gusto por las actividades manuales, sin embargo, durante mi último año en la preparatoria No. 1 “Gabino Barreda” de la UNAM, mi enfoque era distinto y nació en mí el deseo de estudiar Psicología, ese interés emergió por lo aprendido en clases sobre el comportamiento humano, la influencia de las teorías de Freud me apasionó enormemente, así creí tener mi decisión profesional tomada pero la vida me tenía reservado algo diferente.
Mi cambio de elección vocacional llegó cuando vi a mi hermano mayor, quien se encontraba en su segundo año de Odontología, emplear conocimientos teóricos y habilidades manuales para realizar sus trabajos y prácticas de laboratorio. Ahí reapareció en mi el gusto por las destrezas manuales, me parecía sumamente retador e inspirador. Fue mi hermano mi mayor influencia y así decidí entrar a estudiar la carrera en la Facultad de Odontología en la UNAM en Ciudad Universitaria en 1997.

EN LA UNIVERSIDAD

Mi etapa de estudiante de Odontología fue de las mejores en mi vida, tuve la oportunidad de, durante algunos años, hacer deporte en la selección de básquetbol de la facultad. Combinar deporte y estudio no era sencillo, pero si gratificante, pues ambos requieren buenos hábitos, disciplina y pasión. Como regalo de la universidad, extra a los conocimientos y experiencias académicas, fue que pude cultivar una sólida amistad con mis mejores amigos Israel y Rubén, así como conocer excelentes profesores que hoy son grandes amigos y colegas. Creo que logré ser un estudiante que pudo combinar la diversión propia de esta etapa y el compromiso personal hacia un proyecto de vida profesional. Durante el último año de la carrera tenía toda la convicción de realizar la especialidad en Endodoncia, me encantaba, sin embargo, nuevamente en el último momento redireccioné mi decisión por una fuerte influencia. Mi tutor de trabajo final y respetado maestro Ángel Kameta Takizawa, durante el seminario de titulación me ayudó a comprender que había algo más que me llamaba. Me ayudó a identificar la conexión entre los
conocimientos aplicados, el corazón y un sentido de ayuda al prójimo; me hizo ver una Odontología diferente a la que había conceptualizado durante mi carrera, esa Odontología diferente la encontré en Odontopediatría. Más adelante y justo antes de iniciar los trámites para el posgrado de la UNAM, dos queridos amigos, el maestro Fernando Takiguchi y el Dr. Jaime Hernández con quien trabajaba como asistente, me orientaron sobre la existencia de las especialidades a nivel hospitalario y así pensé en realizar una especialización diferente a la recibida en un ámbito universitario, decidí ser residente de la especialidad en Estomatología Pediátrica del Instituto Nacional de Pediatría en la Ciudad de México en el año 2003.

EL POSGRADO

Mi etapa de estudiante de Odontología fue de las mejores en mi vida, tuve la oportunidad de, durante algunos años, hacer deporte en la selección de básquetbol de la facultad. Combinar deporte y estudio no era sencillo, pero si gratificante, pues ambos requieren buenos hábitos, disciplina y pasión. Como regalo de la universidad, extra a los conocimientos y experiencias académicas, fue que pude cultivar una sólida amistad con mis mejores amigos Israel y Rubén, así como conocer excelentes profesores que hoy son grandes amigos y colegas. Creo que logré ser un estudiante que pudo combinar la diversión propia de esta etapa y el compromiso personal hacia un proyecto de vida profesional. Durante el último año de la carrera tenía toda la convicción de realizar la especialidad en Endodoncia, me encantaba, sin embargo, nuevamente en el último momento redireccioné mi decisión por una fuerte influencia. Mi tutor de trabajo final y respetado maestro Ángel Kameta Takizawa, durante el seminario de titulación me ayudó a comprender que había algo más que me llamaba. Me ayudó a identificar la conexión entre los
conocimientos aplicados, el corazón y un sentido de ayuda al prójimo; me hizo ver una Odontología diferente a la que había conceptualizado durante mi carrera, esa Odontología diferente la encontré en Odontopediatría. Más adelante y justo antes de iniciar los trámites para el posgrado de la UNAM, dos queridos amigos, el maestro Fernando Takiguchi y el Dr. Jaime Hernández con quien trabajaba como asistente, me orientaron sobre la existencia de las especialidades a nivel hospitalario y así pensé en realizar una especialización diferente a la recibida en un ámbito universitario, decidí ser residente de la especialidad en Estomatología Pediátrica del Instituto Nacional de Pediatría en la Ciudad de México en el año 2003.

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ESPECIALIDAD EN ODONTOPEDIATRÍA Y SUS RETOS

Los especialistas en Odontología Pediátrica, hoy contamos con muchas fortalezas, la principal es que podemos influir positivamente en los hábitos y condiciones de salud bucal en una de las etapas más importantes de la vida. Una etapa temprana puede significar evitar patologías o poder enfrentarlas de una mejor manera. Esto ha sido posible por la enorme cantidad de ventajas que hoy existen, como la facilidad al acceso de la información científica (revistas o videoconferencias) de cualquier parte del mundo con los sistemas electrónicos, además contamos con instituciones y compañías serias que apuestan a la educación continua y evidentemente debo mencionar como ventaja poder acceder a una correcta comunicación a
través de las redes sociales. Los retos no son menores y el principal al que se enfrenta el odontopediatra es el adaptarse. Es más que necesario tratar a las nuevas generaciones desde el punto de vista de cambios conductuales y sociales. Nuestros niños y sus padres nos exigen cada día conocer y utilizar mejor las técnicas de manejo de conducta en el consultorio y comprender la actual psicología del comportamiento. Creo que este último aspecto de mi trabajo cotidiano me ha permitido de alguna forma mantenerme inmerso en un papel de psicólogo, mi sueño de juventud. Es una dicha combinar esa primera idea vocacional, con lo que decidí dedicarme profesionalmente.

MI ANÉCDOTA FAVORITA

Cuando fui residente en el Instituto, una de las mejores anécdotas vividas y que me dejó muy marcado fue un festejo del día del niño. En esa ocasión nos disfrazamos de personajes infantiles y con el apoyo de mi madre elaboramos un increíble disfraz de “Bob Esponja”, fue la sensación ya que, en ese entonces, era muy popular entre los niños. Recuerdo que ese día pasamos al espacio en donde se encontraban los niños hospitalizados por enfermedades oncológicas y un niño de aproximadamente 4 años me abrazó y me dijo muy emocionado “por fin puedo conocer a Bob Esponja”; el pequeño no dejó de seguirme junto con su tripié con la canalización de su medicamento hasta el límite permitido. Me conmovió mucho que, a pesar de su condición, encontró un momento de suma alegría al ver a su personaje favorito, siempre voy a admirar la fortaleza que demuestran los niños. El estar en un posgrado con un ambiente hospitalario de niños con múltiples enfermedades graves y algunas terminales, me hizo ver y
comprender aún más lo valioso que es agradecer lo que la vida te ha ofrecido. Y si tienes algo bueno, siempre compartirlo porque llega a multiplicarse.

HOY POR HOY

Al terminar mi especialización cambié mi residencia a la ciudad de Morelia, en donde radico actualmente y me siento completamente agradecido por la calidez y lazos de amistad que he forjado. En el año 2007, inició en Michoacán el primer proyecto educativo privado para la carrera en Odontología en la Universidad Latina de América. Con los mismos sueños de siempre me integro desde el inicio al cuerpo académico fundador y después de casi 13 años me he desempeñado en el cuerpo académico de mi alma mater. Dentro de esta experiencia como docente logré comprender aún más el papel que juega un formador profesional. Cuando estudias y eres aún joven, es común que llegues a tomar modelos profesionales a seguir y tus profesores de pregrado son generalmente los primeros. Estar frente a un grupo de jóvenes con metas, sueños y proyectos personales es un reto que me ha obligado a ofrecer mi mejor orientación para que mis alumnos desarrollen una buena práctica profesional en sus pacientes. La Universidad fue un escaparate para estar en contacto con diversas compañías y asociaciones dentales que me encaminaron hacia un nuevo rumbo, el ser conferencista, una actividad muy noble que disfruto y que nunca había pasado por mi mente. Mi logro profesional, reconocer el potencial de la Odontología mexicana. Dentro de mis logros profesionales puedo mencionar varios, sin embargo, enfocándome a uno solo podría englobar la fortuna de viajar a varios países para poder compartir mi pasión y lo que siempre menciono “el trabajo que día a día se hace en consultorio dental como el tuyo o el mío”. La oportunidad de conocer la Odontología de otros países me ha permitido confirmar que en México tenemos profesionistas de primer nivel, acceso a muchos materiales que, a pesar de ser excelentes, en otros países no están presentes. México tiene instituciones educativas que siguen trabajando en beneficio de sus egresados y lo más importante, una comunidad odontológica que tiene el deseo de seguir aprendiendo y mejorando para sus pacientes.

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CONSEJO PARA LAS FUTURAS GENERACIONES

Finalmente, mi recomendación para cualquier amigo, alumno o colega es que nunca dejemos de ser estudiantes, siempre hay algo por aprender, tus talentos y habilidades irán mejorando con el tiempo, pero para lograrlo hay que empezar hoy.

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