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Dr. Mohanad A.H. Al Madi  Higiene emocional higiene emocional 05 min

Al igual que otras profesiones, la práctica odontológica tiene sus propios desafíos. Para algunos odontólogos, dichos retos se han vuelto inofensivos para su integridad, mientras que para muchos otros se convirtieron en factores autodestructivos. Por tanto, ¿cuáles son los principales estresores que enfrenta el odontólogo en México y por qué algunos logran mayores niveles de bienestar laboral a pesar de estar expuestos a los mismos estímulos? Estas preguntas nos motivaron a realizar una investigación en búsqueda de respuestas con solidez y fundamento que podrían ser de utilidad para ti.

Entre los factores estresantes más mencionados se encuentran una serie de retos interconectados, muy probablemente familiares para ti, por ejemplo: la presión del tiempo (impuntualidades, retrasos de agenda, pacientes en espera, largos procedimientos, complicaciones, entre otros); pacientes que descuidan las indicaciones; aquellos poco cooperativos; complicaciones e imprevistos en el tratamiento, y la falta de material adecuado. El presente artículo no se trata de sugerencias para eliminar estos estresores —seguramente algunos o todos volverán a aparecer en algún momento futuro—, sino que el propósito principal es poner a tu consideración algunos puntos que podrían mejorar tu sistema inmune psicológico de manera que se reduzca la frecuencia e impacto de dichas situaciones en tu vida. Es decir, que logres manejar tu estrés y no dejar que este te maneje a ti.

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No puedes cambiar lo que no reconoces. El primer paso para gestionar el estrés en tu vida es averiguar sus rasgos y momentos ¿De dónde viene? ¿Cuándo sucede? ¿Qué efecto tiene en ti? Tratar de gestionarlo sin previamente identificarlo es tan inefectivo como indicar un tratamiento sin un previo diagnóstico.

Asimismo, una distinción importante para tener en cuenta es que no todo tipo de estrés es nocivo, ya que existen algunos tipos que generan efectos positivos en nuestro bienestar e incluso productividad. Una manera gráfica de verlo es que el nivel de estrés sigue una curva en forma de campana; una vez pasado el pico o el ápice, donde la tensión es altamente impactante, comenzamos a experimentar sus efectos contraproducentes. De volverse una parte de tu día a día, el estrés crónico suele generar efectos desastrosos a nivel de salud mental, física y social. Una de las prácticas que abunda en la red y que podría ser de gran utilidad tanto para romper con la inercia del agobio como para entenderlo de manera más clara y objetiva, es la práctica contemplativa del mindfulness: observar con plena atención lo que sucede dentro del marco de tu mente y cuerpo sin resistir ni juzgar. Es como ver una película; le prestamos atención sin reaccionar ni interrumpir sus sucesos, cuanto más atentos estemos, más posibilidad de ver la realidad como es, sin distorsiones mentales. Probablemente al verlo en su tamaño real, de un problema en la mente, se convierte en un acontecimiento más de la cotidianidad.

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No eres tu profesión. Al atribuir tu sentido de identidad y tu valor como persona a aspectos efímeros, volátiles o inestables como lo son el dinero, la fama, la profesión, un “éxito” o “fracaso” en el tratamiento… entre un largo etcétera, es condenarse, por un lado, a una ansiedad perpetua por el deseo de querer cada vez más, y por el otro, al miedo paralizante de la posibilidad de perder; según la interpretación de tu mente, “no fue perder un paciente”, por ejemplo, sino perder tu valor como persona. Apegarse a lo efímero es tan desorientador y agotador como el estar revolcándose constantemente en las olas del mar.
Deja de controlar lo incontrolable. En la misma línea de lo anterior, los odontólogos en especial sufren mayores niveles de ansiedad por la búsqueda incesante de la perfección. Uno de los criterios de éxito más importantes que se inculcan en las escuelas de Odontología es precisamente la ilusión mental y tóxica del perfeccionismo. El peligro de vivir con este miedo al fracaso reside en la alta posibilidad de convertir lo que algún día ha sido un gusto o pasión, en un arma de autosabotaje. Esto en ningún momento significa hacer el trabajo mediocremente, sino lo contrario, se trata de disfrutar el proceso de poner tus habilidades, valores, aprendizajes y lo que eres en acción, sin la obsesión estresante por un determinado resultado. Una manera práctica para gestionar el perfeccionismo que puedes realizar hoy mismo, es enlistar en una hoja todo aquello sobre lo cual tienes control en tu trabajo, y aquello que es completamente incontrolable (impuntualidades, emergencias, complicaciones, pacientes nerviosos…). Una vez que tengas ambas listas, sé honesto(a) contigo mismo(a) y determina hasta dónde llega tu margen de influencia para cada punto que cae fuera de tu control (confirmar asistencias, indicaciones y reglas por escrito, explicar con empatía a pacientes en sala de espera, espaciar las citas, contar con un “plan B”, organizar un material adecuado y de alta calidad). Estresarse por algo incontrolable resulta tan absurdo como el frustrase por no aceptar la gravedad de la Tierra.
El paquete de higiene emocional. Una situación —ya sea una presión del tiempo, un paciente en espera, una complicación, una emergencia, o cualquier otro aspecto angustioso en tu vida— puede desencadenar una cascada de hormonas del estrés que preparan a tu cuerpo para la supervivencia. Desafortunadamente, en términos fisiológicos, la mente y el cuerpo no distinguen entre la amenaza de un tigre hambriento y un pensamiento negativo en tu cabeza. Peor aún, la amenaza de un tigre es pasajera, mientras un pensamiento suele convertirse en un cautiverio. Cuando la respuesta a la tensión sigue disparándose, día tras día, puede poner tu salud en grave riesgo.
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Existen una serie de hábitos físico-mentales que logran romper el hechizo de los patrones de pensamientos/emociones estresantes y regulan los niveles hormonales, sin la necesidad de desgastarse por drogas o cualquier otro tipo de adicciones. El ejercicio físico, la respiración, la música, la meditación, el sueño, la conexión social, el tacto físico, la sana alimentación, o el escribir son acciones mágicas que podemos tomar de inmediato para “enfriar la cabeza” en los momentos agudos de estrés. Cuando la sana alimentación, el ejercicio, el sueño, la meditación… se vuelven parte de tu vida diaria, tu umbral de presión se eleva. En otras palabras, lo que antes te “raspaba”, ahora te “cosquillea”.

“Puedo hacer mejor el trabajo de un año en nueve meses y no en doce.”

J. P. Morgan.

Una gran cantidad de estudios han demostrado que el problema no es tanto el estrés, sino la falta de recuperación. En una investigación realizada con violinistas de alto rendimiento, se encontró que un común denominador entre los violinistas de mayores niveles de bienestar (y rendimiento) es la costumbre de establecer macro descansos (fines de semana y vacaciones), y aún más importante, sesiones de práctica que no duran más de 90 a 120 minutos, intercalados por micro descansos de 15 a 120 minutos de completa desconexión, estos suelen ser hábitos del paquete de higiene emocional anteriormente mencionados.

En conclusión, y en congruencia con lo anterior, cualquiera de las sugerencias mencionadas en el artículo no es más que mera información. La transformación, es decir, cambiar la forma como interactúas contigo mismo(a) y con tu mundo, ocurre solamente al aplicar, practicar y repetir lo aprendido.

Es poco significativo lo que has hecho una vez, lo que importa es lo que sueles hacer. Si quieres vivir una vida personal, laboral o familiar excelente, opta primero por cambiar tus hábitos y luego tus hábitos se encargarán de cambiarte a ti. ¿Qué hábitos constituyen la versión que más te hace sentido vivir?

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“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito.”

Aristóteles.
Dr. Mohanad A.H. Al Madi

Dr. Mohanad A.H. Al Madi

Originario de Jerusalén. Consultor en estrategia y cultura organizacional.

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